Historia por Tomás Nochteff
Mujercitas Terror

Mujercitas Terror apareció en 2001 como una anomalía impensable. Tan inusual que casi parecía que no estaban ahí. Tuve que verlos un par de veces para convencerme de que eran reales y tangibles. Aparecieron con su estética perfectamente formada y coherente, pero en esos primeros recitales su música estaba oculta en un manto de electricidad casi insoportable. La banda no terminaba de acomodarse, era una oleada de energía incandescente, dos voces aullando incomprensibles abusando impunemente del público. Lo que primero llamaba la atención era la extraña belleza que tomaba el escenario, eran hermosos y no parecían darse cuenta de que la música no se entendía, o quizás simplemente no les importaba , transmitían absoluta convicción, una juventud terrible salida de ningún lado. Lo segundo era la particular estética que envolvía todo, repartían cuentos para niños en fanzines, entre inocentes y brutales, totalmente desconcertantes. Cuentos ilustrados que te hacían mirarlos a ellos, mirar los dibujos y no entender si se estaban dibujando a sí mismos, si estaban imitando a los dibujos o si las dos cosas habían aparecido al mismo tiempo, de la misma forma escandalosa y absurda. Más irrealidad y más desconcierto... daba la sensación de que iban a desaparecer como alucinaciones y que nadie iba a recordarlos. Y de hecho, la mayoría de la gente no entendía o no quería entender, ofendidos quizás por tanta belleza y caradurismo. En vivo, Marcelo se anudaba y desanudaba hundido en su propio mundo, Daniela y Carmen, dos nínfulas/brujas vestidas de blanco, inmóviles en sus puestos aportaban al caos sonoro con sus instrumentos pero su presencia era tan arrebatadora que en realidad no importaba lo que estuvieran tocando. Después supe de inusuales alianzas que habían formado el núcleo, pactos de por vida, transformaciones físicas y mentales, pequeñas tragedias familiares, retazos de una historia que sin embargo permanece en el misterio, nadie sabe en realidad cuando ni de que forma llegaron a ese nivel de simbiosis ni de donde sale la convicción casi absoluta con que se mueven. Con el tiempo los vi evolucionar y recuerdo la primera vez, unos meses después, que vi a su público. El público de Mujercitas Terror desde el principio fue único. Era gente que no te encontrabas en ninguna parte, me sorprendió reconocer algunas caras, gente que había visto en recitales de Dios y nunca, en ninguna otra parte, volví a verlos.

La concentración que tenían era un espejo de lo que pasaba en el escenario, recuerdo sentirme mareado por la energía psíquica que se formó entre el grupo y la audiencia, podía sentirse físicamente, chicos lastimados, pero como la banda hermosos y terribles, hermosos aunque no bonitos, el público estaba lleno de monstruos, podían sentirse dramas familiares, químicos mortales, extrañas obsesiones incubadas entre sabanas sucias, la cara atroz de la adolescencia, sin piedad y sin futuro. Cambios de formación y decenas de recitales más tarde un par de años después la música de Mujercitas Terror quedó expuesta, evidentemente habían pasado por un proceso de refinamiento en el cual la banda había empezado a funcionar correctamente. Y ahí entendí que la mayor anomalía de Mujercitas Terror es en realidad su música, y es también lo más difícil de explicar, se puede hablar de muchas cosas en relación con la música de una banda de rock, se puede hablar horas lanzando referentes, asociando, clasificando... pero cómo se explica el simple talento? Podría hablar de un grupo que logró sintetizar la emoción del pop de los 50 con la agresividad del hardcore, de Edward Gorey, X, las Shangri-La´s, The Fall, Alejandra Pizarnik y Hasil Adkins, los niños clarividentes de Saki, la sensación de volar a toda velocidad por los pasillos de un mundo nocturno de casas encantadas habitado por seres de crueldad inocente, de que a veces me dan miedo sus canciones no tanto por el mundo que evocan sino por la concentración de energía psíquica y emocional, como cuando cantan "abran el baúl", como cuando en Mujercita Blue se aceleran y dicen "hace mucho tiempo atrás en tu belleza se mezcló el espanto / y en la niñez los objetos inanimados no cobraban vida". Nadie canta estas cosas, nadie da crédito a estas visiones si bien cualquiera puede acordarse de haber sentido esto alguna vez. Mujercitas Terror Marcelo como poeta trabaja en un lugar que nadie recuerda y que quizás nadie quiere recordar. Y Mujercitas Terror, su visión ("un grupo de gente tocando sus instrumentos frenéticamente", me dijo una vez), propulsa estos fragmentos del otro lado y abriendo un agujero en nuestra realidad los inyecta en este mundo y por eso a Mujercitas Terror se lo quiere como a ninguna otra banda, y se lo odia de la misma manera, y se lo teme de la misma forma, y por eso mucha gente sigue haciendo de cuenta que no existen, y lo van a negar hasta el fin porque aceptarlos es aceptar lo negado, lo enterrado. Que una vez fuimos ángeles, hace mucho tiempo, en el reino afiebrado de la infancia. Pero así nuestros antepasados sacrificaban vírgenes, nosotros nos autosacrificamos para entrar en el mundo. Y en esa herida escarba Mujercitas Terror, exhibiéndola y haciéndola sangrar alegremente. No hay nada mas difícil de expresar que el talento; se lo puede reconocer cuando se lo ve, pero no hay explicación porque no hay anécdota. Por eso no puedo hacer nada para explicarte Mujercitas Terror más que aconsejarte que los escuches.



Tomas Nochteff

Diseño: Franco Arias y Mujercitas Terror ©2011