Historia por Nenet
Mujercitas Terror

Una noche fría del mes de junio, Carmen tuvo un sueño. En el sueño, tigres de bengala nadaban en el mar, muy cerca de las personas. Carmen vió allí, cerca de ella, a un gitano. El gitano miraba las nubes. Conocía el pronóstico del tiempo, entre otras miles de cosas que los bañistas ignoraban.
"¿Qué es lo que más enfurece a los tigres?" Preguntó Carmen al gitano.
"Lo que más enfurece a los tigres es que les hablen". Contestó el gitano, impasible.
Y Carmen pensó que sería una buena idea contarle esto a su amiga Daniela.
Daniela vivía cerca de un bosque, en un país distinto.
La casa de Daniela tenía un jardín de invierno y puertas que se volvían invisibles. Carmen entró por la puerta principal y, esquivando sillas y un juego de té de porcelana, encontró a Daniela en la cocina.
Daniela tomaba café mientras inventaba cosas en su cuaderno. "No hagas mucho ruido, Carmen. Mujercitas Terror duerme en el altillo". Dijo, en voz baja. Entonces Carmen le contó sobre los tigres y el gitano en su sueño.
Y Daniela le contó a Carmen su sueño sobre un circo con animales y bailarinas a cuerda. En ese momento sonó la campana del timbre y Daniela corrió a abrir la puerta.
Daniela sabía que Marte estaba allí. Marte la visitaba todos los días a las seis. Cuando entró en la cocina, les contó que había llovido.
"Los gitanos sí saben el pronóstico del tiempo. Me gustaría ser como un gitano." Dijo Marte. "¿Tendrá poderes?" Pensó Carmen, recordando su sueño de tigres. Marte vivía más cerca del río que de la playa, en una casa con un piano y muchos libros. Libros que cubrían todas las paredes y llegaban hasta el techo. Nadie sabía en qué país había nacido. "Vamos a despertar a Mujercitas Terror, Dani". Dijo Marte, y conectó su guitarra. Mujercitas Terror eran un chico y una chica llamados Muerte y Mareo. Daniela y Marte los habían inventado un día en el sótano. Carmen pensó que sería una buena idea buscar a Libertad-la-Muerte, el poeta que vivía en el Cuarto Oscuro, para que escribiera sobre su sueño. Entonces, cambió su peinado y prometió que volvería antes de las diez.

Libertad-la-Muerte(*), el poeta, vivía en un pequeño castillo llamado El Cuarto Oscuro. Sus únicos amigos eran las serpientes, ciervos y animales que vivían en el bosque. Libertad-la-Muerte coleccionaba estampillas. Le recordaban algo, pero no sabía exactamente qué.

Carmen pensó detenidamente cuáles serían sus palabras cuando relatase el sueño. Libertad-la-Muerte odiaba los crímenes literarios.

"Y las nubes en la bahía se desplomaban apesadumbradas por el odio Cuando estuve en la guerra"

Escribía el poeta en una pizarra cuando Carmen entró por una ventana abierta.
"Plotino medía la distancia física entre las personas mediante la escala musical. Eso explicaba la armonía cósmica". Enunció Libertad-la-Muerte a modo de saludo.
"¿Quién es Plotino?" Preguntó Carmen.
"Un filósofo griego". Respondió el poeta. Los filósofos griegos eran sus muertos favoritos.
Carmen le contó entonces su sueño.
"Prometo escribir un cuento sobre ello. Escribiré un cuento sobre ello". Reafirmó Libertad-la-Muerte.

"A los astutos juglares
A las atrevidas damiselas
El Diablo hace trampas
en las escaleras
Y secuestra niños en Las Vegas
A los zapatos quita sus suelas
Los astutos juglares
Las atrevidas damiselas"

Recitó el poeta.
"Me encanta". Aplaudió Carmen.
"Quizás sea una canción. ¿Adónde vas?". Interrogó él mientras Carmen se dirigía hacia la ventana.
"A casa de Daniela". Respondió Carmen.
"Este sobre es para ella. Podés leerlo, si querés. Adiós". Saludó Libertad-la-Muerte, volviendo a sus notas.
En el bosque, Carmen abrió el sobre y leyó: "¿De verdad sos Daniela, del Sahara?"


(*) "Libertad La Muerte” es una canción escrita por Marcelo Moreyra para su proyecto personal, “Envidia”.

Mujercitas Terror

Entre las 19:30 y las 12:00 aparecía en el camino del bosque la Ciudad Factoril. La mayoría de sus habitantes vivían bajo tierra. Ciudad Factoril estaba dividida en cuatro cuadrantes nombrados a partir de los puntos cardinales: norte, sur este, oeste. Holocausto, el joven que no tenía padres, vivía en el cuadrante sur; en un edificio con 50 pasillos y 72 escaleras. El edificio era tan grande que las personas que vivían en él no se conocían. Holocausto tocaba el contrabajo y casi no recibía visitas; olvidaba a las personas a propósito. Cuando despertaba, subía a la terraza. En la terraza -dentro de un pequeño depósito- habitaban Escuadrón, Combate y Demolición; tres roedores que, extrañamente, podían hablar. En el camino a casa de Daniela, Carmen distinguió las gigantescas chimeneas de Ciudad Factoril y pensó que a Holocausto le gustaría salir de allí para ver a Mujercitas Terror. Trepando por una escalera, Carmen llegó hasta la terraza del cuadrante sur, donde Holocausto y los roedores debatían sobre posibles agujeros negros en el espacio. "Si tuviera la oportunidad de conocer a un personaje histórico sin duda elegiría a un pirata sanguinario." Meditó Escuadrón. "Preferiría conocer a Marco Aurelio". Dijo Combate. "Siempre los malditos emperadores romanos." Chilló Demolición. "Quisiera poder conocer a un famoso asesino serial, o a una vampírica condesa victoriana". Interrumpió Holocausto. "Carmen". Saludó a continuación, en tono monocorde. "Hola". Respondió Carmen, quien estaba de pie cerca de ellos, escuchando en silencio. Escuadrón, Combate y Demolición desaparecieron velozmente. Sólo hablaban con Holocausto. "Vamos a ver a Mujercitas Terror en casa de Daniela". Anunció Carmen. Holocausto asintió; luego salieron de Ciudad Factoril, en dirección al bosque. En la parte más alejada del bosque había una casa con un jardín delantero. En el jardín, una palmera altísima. A la derecha, una pared pintada de azul. En la ventana más alta dormían murciélagos, amparados de las últimas luces de la tarde. Carmen y Holocausto sabían que Johnny Demon vivía allí.

Johnny Demon era un chico pálido que usaba zapatos. Estudiaba antropología y en su tiempo libre se dedicaba a pintar cuadros que luego, ceremoniosamente, arrojaba en la chimenea. Luego de observar el cuadro quemarse hacía anotaciones en una libreta hexagonal. Cuando salía de casa guardaba la libreta bajo llave. Holocausto golpeó la puerta con los nudillos en señal de llamada. Johnny Demon odiaba los timbres. Mujercitas Terror La puerta se abrió y una voz femenina anunció: "Johnny Demon se ha dividido en tres." La figura frente a ellos era igual a Johnny, pero mujer. Fumaba y usaba zapatos. "¿Cómo te llamás?" Preguntó Carmen. "Johnny". Respondió ella. "Johnny está arriba. Si me disculpan, estoy escuchando el radioteatro". Dijo Johnny mujer, y desapareció detrás de una puerta. Carmen y Holocausto subieron por una escalera empinada y angosta, hasta el tercer piso, donde suponían que Johnny Demon estaría dedicándose a sus pinturas. "¡Aquí!" Dijo una voz masculina desde el baño. Entraron al baño y encontraron que la bañera estaba repleta de salmones. "¡Hola!" Saludó un chico idéntico a Johnny. Iba curiosamente vestido de pescador y exhibía una alegre sonrisa. La sonrisa resultaba muy poco creíble. "¿Cómo te llamás?" Preguntó Holocausto. El pescador pensó unos segundos y luego exclamó contento: "¡Johnny!. Mi nombre es Johnny, mucho gusto." "¿Por qué estás pescando?" Inquirió Carmen. "Alguien tiene que procurar alimentos". El nuevo Johnny pescador parecía muy práctico. "¿No deberías usar una carnada?" Preguntó Holocausto. "Uso algo mejor". Dijo Johnny. "¿Qué?" Preguntó Holocausto. "Gelatina." Respondió Johnny, satisfecho de sí mismo. "Johnny está en la biblioteca". dijo , y se volvió hacia la bañera. Carmen y Holocausto intercambiaron una mirada de desconcierto y se dirigieron a la biblioteca. El verdadero Johnny Demon estaba allí, delante de un espejo. "Perdí mis gafas." Dijo, sin dejar de mirar en el espejo. "¿Quienes son los Otros?". Preguntó Carmen, refiriéndose a los Johnnys que habían conocido en las otras habitaciones de la casa. "No sé. Todo estaba bien ayer. Realmente no encuentro mis gafas." Subrayó Johnny Demon, y comenzó a revolver entre los almohadones de un sillón cercano. "¿Se van a quedar a vivir aquí?". Preguntó Holocausto. "Supongo que sí. Johnny mujer solo se enoja si interrumpo el radioteatro, y Johnny pescador sabe cocinar. Debe ser culpa del espejo." Dijo Johnny Demon, como quien evalúa un experimento fallido. "¿Adónde vamos?". Preguntó. "Vamos a ver a Mujercitas Terror en casa de Daniela". Respondió Carmen. Johnny Demon asintió. Salió de la habitación, seguido por Holocausto y Carmen. Cerró la puerta y se preguntó si buscaba algo.
Mujercitas TerrorNenet, la extravagante, vivía en un departamento oculto detrás de un árbol de tilo. Éste era visible desde el camino del bosque, no así su ocupante, quien se escondía en su habitación durante la mayor parte del tiempo. La vivienda estaba ubicada cerca de la playa y la Ciudad Factoril. Carmen, Holocausto y Johnny Demon vieron a Nenet sentada en el árbol. Leía una novela titulada "Bienvenidos si son nosotros". Estaba descalza. "Hace frío. Deberías usar zapatos." Dijo Carmen. "No tengo frío". Respondió Nenet desde las alturas. "¿Bienvenidos si son nosotros? ¿Quién escribió esa novela?". Preguntó Johnny Demon. "Marte. Sólo puede ser leída el Día de los Muertos." Dijo Nenet. "Es un secreto". Agregó, y ocultó el libro en su abrigo. Para Nenet, muchas cosas eran secreto. Libertad-la-Muerte, el poeta, había escrito sobre ella: "Conocí a Nenet un domingo del mes de Junio. Escondía sus espinas bajo un abrigo de invierno. El color verde de su piel, producto de una estricta alimentación a base de vegetales, resultaba curioso en comparación al de otros humanos. Deducí que era ella una rosa maligna. ¿Podría controlar su hibridación a voluntad?. Me acerqué a ella, y antes de que pudiera hablar, Nenet anunció: ’Vengo a buscar a Mujercitas Terror.’ ’Muerte y Mareo son sumamente reservados’. Advertí. ’Lo sé. Por eso escribí un cuento sobre ellos’. Respondió ella. Así fue como ocupó la habitación cercana al país de Daniela, quien al enterarse de su llegada telefonéo para preguntar: ’¿Hay sangre en el final de ese cuento?’

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